viernes, 11 de marzo de 2011

Rumbo hacia mi nuevo color

Empedernida por no generar rutina, por despreciar todo lo referente a un peldaño tras otro.
Sin ganas de improvisar movimientos, más bien con muchas ganas de seguir huellas y crear sellos.
Desamparar los miedos, dejar que los cabellos vuelen y se enreden con el viento, no he de verme igual, no he de sentirme como antes; es una brújula en el mar encontrando rumbos hacia los corales.

sábado, 23 de octubre de 2010

Innecesario inútil, conformista y pretencioso.

viernes, 31 de julio de 2009

TEMULENTUS DE RUCA

A pesar de la inmensa oscuridad que embargaba la habitación y no dejaba ver ni siquiera su dulce rostro, ella podía sentir como sus ojos sonrientes y quisquillos la miraban fijamente tras las sombras despiadadas y juguetonas, esquivas y volátiles. La suavidad con la que sus dedos se deslizaban por su cuerpo era como una gota que iba acariciando el cristal por el que se van percibiendo los sueños. Poco a poco iban dejando pequeños pasos de gigante en el lienzo de su espalda, dibujaba orquídeas y enormes, pero delicadas ramificaciones con las yemas, asegurándose de tatuar a pulso ciego caricias de colores.
Ella mientras tanto se limitaba a disfrutar del calor que emitían la cercanía de los cuerpos y trataba de remover recuerdos de la piel, para poder guardar y tener presentes constantemente los nuevos pasos que recorrían las playas vírgenes. Lentamente irguío su brazo y dejó caer su mano como un péndulo sobre su quejumbroso y sedoso volatín, tratando de atrapar un poco del olor de ese pan ácimo. Subió lentamente su cuerpo tratando de no entorpecer los trazos de los pinceles que la circundaban. Acercó solamente la punta de su nariz al volatín y fue inevitable tras inhalar el aroma embriagarse con el olor del ácimo.
No se vendaron jamás los ojos, ni sellaron el aliento compartido... Se limitaron a contemplar y vivir en la paralela realidad de la Bahía.

miércoles, 10 de junio de 2009

Suspendido en el Tiempo

La luna ya estaba oculta, y la sombra de la mano en el pavimento, ya estaba cubierta por la sangre de la cabeza de un hombre, tendido en la mitad del suelo. Parecía llevar varias horas, pero no más de 3 ó 4. A medida que las luces de los apartamentos se iban encendiendo, la sangre se condensaba en el pavimento. Los habitantes del Edificio Galápagos, siguieron su rutina a cabalidad, no dieron pistas de saber algo sobre el cadáver del señor Miller, del apartamento 704, todos sabían que cada noche, salía a dar una vuelta en la terraza del décimo piso, para visualizar con mayor claridad las luces de la noche en la ciudad. Nunca se le vio acompañado, excepto por un gato persa de ojos verde de miel, que no lo desamparaba y pasaba el día recostada contra la ventana que daba a la calle de la avenida principal.

La señora Meier, del 601, salió de primeras como siempre a dar una vuelta a la manzana trotando, para empezar bien el día. Sin embargo se extraño que al llegar a la portería, José, el portero, no estuviera atento como siempre a abrirle la puerta, lo llamó con un grito pero no apareció, espero 3 minutos y volvió a llamarlo, esta vez salió corriendo, se había quedado dormido, porque el día anterior, había tenido la celebración de su cumpleaños en casa de su suegra y se había tomado unos buenos traguitos, por lo que el sueño le ganó esa noche. Saludó a la señora Meier y le pidió disculpas, por la demora. Al abrir la puerta pesada de madera con 8 pequeños vidrios que permitían conservar la privacidad del edificio, la sorpresa de Ana, fue total; vio el cuerpo del señor Miller tendido en el andén a unos 6 pasos de la puerta del edificio, rebosado de sangre, se notaba a leguas que ya estaba muerto. Corrió a pedirle el citófono a José para avisarle a su esposo el Doctor Meier, que bajara rápidamente y llamara una ambulancia o en su defecto a la policía. El escándalo que hizo Ana, fue capaz de alertar a todo el edificio sobre lo sucedido, en menos de 10 minutos, todos los residentes se encontraban rodeando el cuerpo, esperando a que llegara la policía, porque así lo habían previsto los paramédicos, para dictaminar que había ocurrido.

De pronto, la pequeña Clara del 701, vecina del señor Meier, recordó haberlo visto subir a la terraza como usualmente lo hacía con su gato; siempre se quedaba a esperar que bajara para despedirse y darle las buenas noches, pero esa noche, no bajó. Así que supuso que mientras lo esperaba se había quedado dormida y ya había pasado. Miró la ventana del apartamento del señor Miller y lo único que vio fue su gato pelusas mirando desde su sitio habitual, el cadáver despavorido de su amo.

Inmediatamente, Clara supuso que el gato tenía que ver algo con la muerte de Miller, como podía estar tan tranquilo si era su amo. Subió corriendo a la terraza del edificio, mientras los paramédicos trataban de determinar que había pasado, y la policía tomaba testimonios a los habitantes del edificio que se prestaron para colaborar, no todos quisieron ya que Miller, era un sujeto amargado, retraído y antipático, por lo tanto, no muy querido. Sus únicas amigas eran Clara y su mamá Sofía. Revisó la terraza cuidadosamente y no vio nada que llamara su atención, sin embargo dedujo que el gato tenía algo que ver con misterio de la muerte de su vecino.

Al volver a la escena del crimen, escuchó que en la solapa del muerto, habían pelos de gato, inmediatamente se inmiscuyó en la conversación y le contó a los policías que el señor Miller tenía un gato que subía con él todas las noches a ver las estrellas en la terraza del décimo piso. La policía comprendió que no se trataba de ningún asesinato, ni un accidente, pues la soledad había acompañado a este hombre durante varios años, y el tiempo ya era inútil para él, tan solo tenía a su gato que al ver el intento del hombre por arrojarse al vacío, trató de revertir su decisión, pero ya era demasiado tarde. Solo pudo caer con él al vacío, pero al caer boca arriba, su amo le salvó la vida y ahora el gato tendría que resignarse a la soledad del 701.

sábado, 9 de mayo de 2009

Espectro Solar


Tribulaciones del mal,

liberación de los agentes,
exasperación de la mente,
del ambiente,
la condensación milagrosa
de las palabras oportunas
para momentos imprevistos,
sosegada por la intranquilidad
de la cura fatal del veneno del verso.

sábado, 4 de abril de 2009

Shakespeare Asesino de Marlowe

29 de mayo de 1593, el frío de aquella tarde londinense calaba los huesos del conocido dramaturgo ingles Christopher Marlowe, quien desde su escondite esperaba inmutable la carta de su mecenas para aclarar su situación política. Oscurecía y todavía no tenía noticias del mensaje que le debió haber sido entregado hacia más de 3 horas. La impotencia lo dominaba, pero trataba de calmar las ansias con un poco de vino, sentado en el silencio de la habitación mirando fijamente las chispas desordenadas que salpicaba el tronco seco con su brasa humeante.

Tres golpes secos turbaron la paz del aclamado escritor. En medio de la neblina se alzo la altiva figura de un hombre espigado con los ojos cansados por el largo trayecto. Igram Frizer atravesó el umbral y deposito en las manos de Marlowe una carta escrita a puño y letra del mismo Thomas Wasilgham (mecenas del dramaturgo), en la carta había instrucciones precisas de encontrarse al día siguiente con dos hombres de la reina en una plaza cercana. Marlowe a manera de agradecimiento invito a Frizer a quedarse aquella noche para refugiarse del inclemente frío, noto en su aspecto que tenía claras intenciones de quedarse al menos por unos quince minutos que le hicieran olvidar su trayecto escabroso de regreso, pasando por los andenes y salpicado por los pasos de caballos en los charcos y ese ronroneo incesante que tenía en su cabeza desde por la mañana que había visto al gato de la esquina que no paraba de quejarse por el desesperante frio que atravesaba la ciudad. Entre copa y copa la noche avanzaba, los quince minutos que pretendía compartir con el dueño de casa, se convirtieron en horas de conversaciones triviales pero fructuosas para las intenciones propuestas por Marlowe, que proponían más que una noche de charla y alegoría. El implacable efecto del alcohol, acabo despertando los bajos instintos pasionales de Frizer, dejando al descubierto la conocida homosexualidad de Marlowe, para desencadenar una fogosa velada abrazada por el calor de la hornilla de la chimenea, y tendidos a merced del destino, intercambiando copas de vino, rebosándolas hasta no sentir dejar ni una gota en la botella, así llegó la noche con su frio tras el vidrio nítido que permitía ver con exactitud las acciones impertinentes que les trajo el sueño, después una larga velada.

El rayo de luz que anunciaba la mañana, se logró colar por la rendija de la ventana, interrumpiendo el sueño de Frizer y despertándolo, poco a poco. De inmediato recordó la cita y volteando su cabeza donde creyó ver un reloj de pared, y acomodándose sus lentes que se encontraban a su lado derecho, donde solía ubicarlos sin importar el sitio en el que pasara la noche para no perder la costumbre, se dio cuenta que se hacía tarde para la cita. Se apoyó en el brazo del sofá que tenía detrás de su cabeza y procedió a vestirse ágilmente, tratando de recapitular los sucesos de la noche anterior en el orden más adecuado. Una vez vestido, camino hacia la mesa en al que Marlowe solía pasar sus días componiendo obras y regalando pensamientos a los pergaminos que Thomas Watson el compañero sentimental de Christopher, le regalaba. Al llegar a la habitación en la que se encontraba la mesa, contrario a lo que esperaba (una mesa desordenada con papeles y tinta azul salpicada por toda la mesa, como tantas veces la había visto), descubrió un desayuno sencillo, como muestra de agradecimiento y una carta sin sellar que pedía se guardara silencio, para que ninguno de los dos tuviera alguna clase de problema y pudieran seguir manteniendo la cordialidad acostumbrada, que traían de años atrás. Confundido tomo su abrigo negro y espero a Marlowe en la puerta para salir hacia la plaza, haciendo gestos de preocupación y arrepentimiento que dejaban ver el abatimiento que tenía en esos momentos. Minutos más tarde, escuchó los pasos de Christopher muy cerca y la fuerza que le imprimió a la puerta mientras la cerraba, se acercó tranquilamente e iniciaron el trayecto hacia la plaza. Durante el camino no se musito palabra, ni se fue capaz de sostener la mirada, la vergüenza carcomía el alma de Frizer lavándolo a pensamientos pecaminosos e impíos. Mientras que Marlowe trataba de calmar un poco la ira que sentía por haber permitido que pasara semejante atropello contra Thomas.

Al llegar a la plaza un viento frío atravesó el pecho de Marlowe, como si un presentimiento le asediara y le indicara salir de allí. Sin embargo contuvo el aliento por unos minutos y continúo su camino. En el centro de la plaza lo esperaban tres hombres curiosamente con el mismo abrigo negro que llevaba Frizer esa mañana. Ante la extrañeza del hecho, dejó pasar no más de tres miradas a cada uno de los hombres, para no despertar sospechas sobre sus sospechas ya despertadas de lo que ocurriría más adelante.

Caminaron hacia la posada de Eleanor Bull. Se sentaron y en medio de lo que parecía una discusión bastante acalorada, agitaban las manos, las voces tenían cada vez un tono más alto, de repente con prisa uno de los sujetos con abrigo negro clava un puñal en el ojo derecho de Marlowe, dejándolo sangrar y con gemidos de dolor. Desde la distancia se contemple todo, mi corazón se agitaba, las manos sudorosas en medio del frío me impedían mantener la calma, no pude evitarlo, era su vida o la mía, no sé si el me vio, presiento que sí, cruzamos una última mirada antes de que le dieran la última estocada, pero lo que no sé, es si por esa mirada, creyó que yo fui el actor intelectual del homicidio, por mi quietud aparentemente pasiva, que solo yo sé, que no fue pasiva. Mientras otro de los sujetos sujeta al agresor el otro huye con el dramaturgo hacia el hospital.

Al llegar a lo que parecía una morgue y un hospital al tiempo, donde el olor a mortecina producido por cadáveres en descomposición y enfermos de peste bubónica. Conllevan al acompañante de Marlowe a abandonarlo en la mitad de las calles frias, sedientas de calor abrazadas por la oscuridad del invierno en un ambiente tenue, salpicado de la tristeza de los rostros pálidos de los habitantes del lugar.

El último suspiro de tan recordada y ponderada figura fue ahí en medio de la inopia y la soledad, donde ya ni el dolor le acompañaba. Su cuerpo ocupo no más que una fosa común. Que no merece, no merecía.

Solo nos queda un interrogante ¿quién se atrevió a otorgarle la muerte? ¿el miedo, por ocultar un secreto fue capaz de inducir a Frizer, para cometer el crimen? o ¿quiza algún servidor de la reina? o ¿acaso aquel tercer hombre que algunos afirman era el rival de Marlowe, un rival cuyas obras fueron reconocidas solo tras la muerte de se predecesor? Un rival que muchos conocen como William Shakespeare… pero,
- No, no fui yo. Yo fui el único ajeno al homicidio que lo vio vivo por última vez, yo Shakespeare uno de sus seguidores más fieles, a quien le debo toda mi inspiración, soy testigo del homicidio de mi gran maestro, el ilustre Christopher Marlowe, al que no le pude guardar fidelidad, por conservar mi vida y por eso no puedo revelar el nombre del asesino de mi mentor.

martes, 24 de marzo de 2009

Vestigios...

De mi no se que tanto pueda decir, pues uno nunca termina de conocerse a sí mismo, por lo tanto sería absurdo llegar a decir que se conoce a alguien, tan solo sabemos quién es y generamos la ilusión de conocerlo, reconocemos algunas costumbres, lo que afirma nuestro interés por dicha persona y la intención de atención que se le ha imprimido en sus conversaciones, miradas y silencios.
La percepción que manejo sobre mí, indiscutiblemente no es la misma que usted tiene de quién soy. La que usted, el que está leyendo esto, tiene sobre mí, probablemente no se parezca, pero no puedo dejar de considerarla, aunque la distancia no lo permita; probablemente esté errada. No sé como son sus ojos ni que mirada tendrá cuando sienta que estoy teniendo una conversación silenciosa mientras usted lee entre líneas, suave y lentamente, espero que lo haga, me atrevo descaradamente a hacerle esa petición, pero es inevitable para que la conversación nos fluya. ¿No cree usted? Disculpe mi atrevimiento, es demasiado abuso de mi parte, aún esta a tiempo de abandonar éste texto, aún no tengo ningún compromiso con usted, sin advertir de antemano que somos un par de desconocidos.
Comienzo diciéndole que mi exigencia ante el mundo se limita a las cosas sencillas, más no simples, considero que todo debe mantener un mínimo de sustancia para la conservación del sabor y el deleite de la misma, enteramente mínima, y en ocasiones invisibles, con ciertos detalles sutiles, discretos y claros. Detalles discretos y fuertes, como el caminar de un cangrejo y la forma en que sus ojos buscan evadir una mirada fija, pero lo desafían intensamente, haciendo uso de ese coraje que no le sobra a los hombres. El color de los amaneceres, por su unicidad, jamás tendrá usted dos iguales como para poder tener tan frescas las imágenes, son auténticos y sin proponérselo, lo logran y me logran deslumbrar, mientras el el silencio predomina, y va dominando la mañana en el mar donde se encuentra el camino del sol que recorren los delfines, se va percibiendo lentamente en la medida que las nubes se van posando cada vez poco a poco más alto, aumentando la nitidez de los sonidos. La soledad de las hojas mientras caen de un árbol; verdes, rojas, amarillas, naranjas, cafés, grises y blancas acarician lentamente su tronco, tratando de no alejarse de su cuerpo para no dejar de sentir los vestigios de su aliento en las venas de su cuerpo. El arrullo del mar, mientras se duerme al lado de los patos que decidieron aterrizar en mi carpa, las caricias de la arena cuando la brisa desata torbellinos en las playas de la espalda, la suavidad grama que talla las manos y las va tatuando descaradamente. Los golpes del agua en el dorso, mientras el arroyo le salpica a las hojas la ilusión de ser azul, regalándole un poquito de cielo. Los dibujos de la lluvia en las ventanas, y empañándolas con el calor del otro lado, en el que usted probablemente muchas veces haya estado y seguramente haya maldecido por no poder salir a caminar, pero tranquilo extraño, solo dibuja los vidrios y mira como a través de cada gota se distorsiona la imagen de la gente caminando en los andenes desesperada, imprudente, hasta que su mirada se detenga en la sonrisa de una mujer que sonríe mientras su rostro va siendo mimado por las pizcas de agua, deténgase a escuchar la canción que tararea y refleja su alma, desnuda sus pensamientos. Me limito a observar las alas de una mariposa jugando a esconderse, a el calor de las piedras, la calma de un charco y los visos que se reflejan.
El aroma del café cuando ahoga las fosas y las impregna de su amargo sabor en las mañana, mientras la punta de la nariz esta fría, consecuencia de la neblina en las madrugadas, lentamente la temperatura cambia y las mejillas se van coloreando con el el calor de la taza vieja, desgastada, desportillada, tibia, suave, blanca con ripios de sombrillas azules y una oreja floja que solo sirve de adorno, así entre las manos que no quieren dejar de sentir los defectos del posillo perfecto.
Y mientras usted lee esto, y yo termino estas líneas trato de imaginar quien es usted y porque llegó a leer de mí, no sé si le genere dudas o tal vez una amarga sensación de insatisfacción por no contarle de qué color tengo el pelo, los ojos y la piel. Cómo y cuándo sonrío, para qué o para quién. Cuál es el tamaño de mis manos, mis pies y mi cuerpo (pequeño, cómodo, práctico, no recurro a adjetivos para mi identificación concreta).
Sin embargo, después de tratar de amenizar su lectura y darle motivos para detestarme o ignorarme, al menos tengo la certeza de que se puede llevar una mínima idea de quien vengo siendo, una fabricante de ilusiones empedernida. Una empedernida de palabras sueltas...

jueves, 5 de febrero de 2009

WALKING AROUND

Caricias perdidas,
sonidos mudos,
sombras sin silueta y
caminos sin dueño.
Caminas despierto,
caminas contento
te pierdesen el tiempo
que no deja de ser nuestro.
Manchas transparentes
floripepeadas de recuerdos,
entre los óleos sin relieve..
Letras sueltas que caminan
tratando de encontrar palabras
y ahí vá el llanto sin risa,
con la noche sin nostalgia
saltando por las nubes de humo,
dando puntapies a las lágrimas
del cielo.. esquivando caricias,
omitiendo sonidos, ocultando las sombras
y forjando caminos.

viernes, 19 de diciembre de 2008

NO ES NADA, ES TODO

Es


Impotencia.. al saber que no puedo hacer nada para volver a verte.
Desaliento.. por lo que no se ha cumplido.. lo que no trato de cumplir.. y no trataré
Angustia.. por ese futuro desvergonzado, al que no puedo rechazar ni quiero.
Tristeza.. por la vergüenza que sos, que soy..
que somos.

Melancolía.. por el tiempo perdido.. por las horas en las que conté los minutos y no me detuve a pensar en tí.
Desgana.. por arrollar el llanto.

Nostalgia.. por tí.

martes, 16 de diciembre de 2008

jugandoanosentir

La impotencia,
el dolor,
el llanto,
el desasosiego,
la ausencia,
las ganas,
la rabia,
la muerte.
La caricia,
la ternura,
la risa,
la dulzura,
la fatiga,
y el amor.

Analépsis

La noche,
el frío
y tu recuerdo
latente.
La cama,
el aroma,
el sueño
que agobia
y la nostalgia
presente.
La mano,
la flor,
la luz
y tu sombra.
Las olas,
el viento,
el cangrejo
y tú
desde lejos,
contando mis pasos,
cuidando los trazos,
con la luz
del sueño
en la noche.
Con tu aroma
y el constante reproche.
Con las manos
heladas,
y el pecho tibio
preparado para

recostar a otro cuerpo
que se acurruca en él.

sábado, 27 de septiembre de 2008

A un renglón


Y de ti que quieres que diga.
Miserable te vez cuando me pides que hable sobre ti.
No me elogia y mucho menos halaga saber que admiras esos míseros trazos, que relleno en los renglones que me piden que los cubra, por la blancura que tienen. Los tatúo letra por letra, tratando de apaciguar ese dolor que les produce ese camino vacío. Pero no puedo siempre debo dejar un espacio, entonces quedan inconformes y no me responden como yo quisiera. Me gritan y cortan las líneas.Paso al siguiente y llega al final de la hoja, debo cambiarla, pero entonces noto la molestia y la envidia que les produce que no siga escribiendo sobre ellas. Doy vuelta a la hoja y en vez de tomarla por el primer renglón, empiezo por el último y de revés escribo, con la vana idea de que con eso lograré calmar su dolor, se olvidara la envidia. Pero no, solo logro contentar más a las nuevas que de una u otra forma quieren que las rellene, y no puedo hacerlo, la tinta es escasa las palabras son pocas. El tiempo se agota y no lo puedo matar.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Maldita sea tu muerte

Aguanta hasta que la soledad te persiga. Hasta que el cansancio de la noche se apodere de tu aliento, y te ahogue en la almohada que se apodera de todos tus sueños, sin devolvértelos se los roba y te quedas solo, con esa melancolía que te quita la tristeza, te libera, no te cansa sino te inspira. Te prepara para despertar sin sueño, pero con los sueños del día que te hacen caminar entre la gente que corre, camina y duerme en las calles que no dejan te caigas en el hoyo del olvido, lleno de sombras empolvadas por el tiempo.


Escondidas entre las cajas de fósforos que se guardan de repuesto para encender el cigarrillo que te quita el aire, que te llena de cenizas, que te consume lentamente, mientras sientes el aire que se desvanece entre tus dedos, ante tus ojos, en la ciudad de cristal, mortandad. Y mientras el perro pasa, con la panza vacía tu te comes toda esa mierda frente a su cara, sin sentir compasión, tu te desvives, por mostrarle a todos esa nueva adquisición, mientras el mendigo te ve por el vidrio y con las costillas forradas casi sin aliento te pide un bocado que niegas y evades con la mirada maldita de ese egoísmo presumido que no te deja ver la tristeza de los demás.


Maldito ególatra, desgraciado.... claro consumes ese humito ducle, rico suave, que te da la vida, que da la mata, la matas, la matas, la mata, claro le robas la vida. Sabes que harás llorar hasta el más mísero ser que te conocerá un día antes de tu muerte, desgraciado, no conoces lo que es la compasión, miserable, se acordarán de tu rostro; y ella, que pasó la noche contigo, te vio, en esos minutos en los que le estabas pidiendo de vuelta tu alma al diablo, le hiciste creer que ya no dabas mentiras a los demás, que todo era distinto, tanto como para cambiar. entonces ella, se entarará a la semana siguiente extrañada por tu ausencia y con el aire todo desecho por la espera, que tu miserable nunca quisiste que el diablo te devolviera el alma, sino que tu conversación fue para terminar de venderle las pestañas quemadas, por el cerillo con el que enciendes cada noche tu vida. Pasará la noche contándole a sus conocidos que te vio y le hablaste, le diste ganas de vivir. Apuñalado estarás en la primera página del diario, que cree mereces estar ahí, que tienes tanta importancia y no le eres irrelevante a nadie como para lograr que no le hagan un desaire a tu muerte. Cariño, te lo mereces, cada uno tiene lo que se merece y vos mi vida, te merecías ese fin ruin, ya no tienes salida. Tu desgracia te llevó hasta allí, pero a pesar de todo maldito miserable, lograste que te honraran en tu mísera muerte. No te escondas en el infierno, vete al purgatorio, apláudele al perro que ahora tiene el bocado que le negaste, para que te deje roer el hueso del pollo, que le dio el mendigo, el que te conoció un día antes de tu muerte, le volteaste la espalda y escupiste el único trozo de comida que no era más de un bocado. Busca entre esos hornos ese maldito humo denso que tragaban tus pulmones cada vez que aspirabas la maldita mata. Acábate, no me acabes infeliz, muérete, pero no me lleves contigo deja de ser ruin.

jueves, 3 de julio de 2008

La Muerte de un Ángel


Los pasos que pesan,
los labios que no ceden
para tersar la sonrisa.
Las manos tiemblan,
mientras el corazón se agita
la garganta esta seca
los ojos no lloran
y las pestañas negras
parpadean para evitar
el sueño.
Las plumas se caen,
las alas se guardan
se destroza la idea
de vivir entre sueños,
de soñar ilusiones,
de endulzar las nubes,
de bailar con las sombras,
de correr con el viento,
de cantar con el aura
y a la vez con las mirlas.

Así muere un ángel,
que renace a la vida.

DEEP

Te tengo y te suelto
Te cojo y no siento
Te miro y no veo
Respiro y no estas

Mi aliento sin aroma
Mis pasos sin huellas
Mis venas sin sangre
La mente que vuela, y
busca colores,
que quiere alas, pero no
hay cuerpo que las
sostenga...

Orfandad de orfandades,
mis mentiras son ciertas,
mis verdades inciertas.

Mis lágrimas no alcanzan
para consolar mi tristeza.

miércoles, 25 de junio de 2008

Cuando Respiro

Sangran, sangran penas y dolores,
Lloran todos los colores,
negra se torna la noche
mientras las flores ríen quisquillosas,
de su traje, rozagantes de aquella embestidura
pura casi próxima a salir.

Dame un respiro dentro del aire que me falta,
el que me robaste, perturbas mi alma, mi existencia,
y nublas mis deseos en las mareas de tu alma.

Canta, canta claro hazlo fuerte, pero canta.
Llora hazlo lejos pero llora,
desfoga la ira que trastorna tu existencia
y no te deja sacar tus alas para volar
tan lejos como quieras,
tan alto como puedas.

Tu Prescencia

Soledad, que me acompañas día y noche.
Soledad bendito sea tu nombre colmado
de emociones, letras, formas y colores.

Permite volar entre tus paisajes ingentes
y nadar bajo océanos infinitos,
predispuestos a sonreirme,
o tan solo a hacerme llorar
como nadie nunca jamás lo ha hecho.

Como lluvia.

Hay un millón de flores que vuelan por el mundo,
Con pétalos que se deslizan en el viento
y recogen el llanto del cielo
rebotan en las manos
de mujeres pequeñas,
después se delizan entre sus piernas
con medias verdes y zapatos cafés de hilos.

domingo, 25 de mayo de 2008

Mi Dicotomía




Mientras Silvia se preocupa por tener éxito y ser una persona carismática, cumplida, consagrada en sus deberes, mostrando un equilibrio aparente sobre cada aspecto que conforma su vida.

Catalina se enamora de su alma sensible más no frágil, despreocupada y apasionada por la vida, por minucias, se encanta con simplezas que resultan extraordinarias solo en su mundo en su basta concepción de la vida.


Silvia calcula todo hasta el más mínimo detalle, sin hacer nada a un lado, prestándole atención a todo lo que pueda ser mostrado a los demás. Tiene una sonrisa falsa de hierro, fuerte, triste, fría, desconsoladora. Se refugia en sus deberes y no se permite descubrir otros placeres que la hagan sonreír. En cambio Catalina va por la vida danzando con el viento, jugando con la arena haciendo puentes de sueños que la conducen a un mundo mágico y fantasioso que se encarga de sumergirla en las bondades de la vida. Propalando con actos ligeros y palabras simples la manera de conformar un mundo sencillo. Contempla atardeceres, amaneceres y noches. Concibe su libertad en devoción a su arte y así crecen simultáneamente su cause de pasión, su alma sensible.
Para la otra, esa que dice ser la misma Catalina solo espero que algún día pueda cambiar la expresión de su rostro y se aparte de esa sonrisa falsa y la convierta en una sincera y suave. Que no salga por benevolencia, sino por complacencia a ella misma. Que pueda disfrutar otros placeres de la vida, y no desespere con el llanto de un niño que imagine, que aproveche el ruido y lo transforme en recuerdos o en anhelos. Mirando hacia un futuro lleno de proezas.


Quizá algún día Silvia pueda ser borrada, y tan sólo quede Catalina para que siga enseñándome paisajes, y me haga viajar en el tiempo y a medida que pasa pueda crear un forma distinta de captar la vida. Donde ya no existan escenarios que intervengan en mis decisiones ni dirijan mis acciones, tan solo que el instinto y el ímpetu me guíen y de esa manera pueda proliferar en mis actos. Quisiera vivir 18 años más olvidando que Silvia algún día existió.